Abre puerta a la noche,
mira el disturbio en sus ojos,
complicada línea
complicados colores
de una narcosis finita.
De cuerpos abrazados,
traspasados en sus vientres,
insignificada morada
insignificados tormentos
que se consumen.
Guarda recuerdo mustio,
duelo de las hojas rosáceas,
acostumbrada clausura
acostumbrados momentos
de caricias taciturnas.
Ven, encuentro vago,
complicadas acciones funestas
insignificadas tradiciones
acostumbradas a inmolar,
el cuerpo frío, la puerta.
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miércoles, 24 de junio de 2015
viernes, 3 de abril de 2015
La espera
Dedicado a Edgar Allan Poe.
Era el día más frío, la noche más oscura
El miedo más profundo, cuando arribé solo,
Plagado de miserias, toque a la puerta
Una voz grave y seca, me respondió:
-No se encuentra.
-Podría esperarla.
Ante aquella puerta, ante aquel silencio
Que se precipita; sobre mi sombra, su
dueño.
-No se encuentra.
-¿Tardara demasiado?
Sobre el tapete, sobre lo incierto
Que me escalaba; sobre mis rodillas, su
cuerpo.
-No se encuentra.
-Podría entrar.
Bajo aquel pórtico, bajo aquella menguante
Que no ilumina; sobre mi forma, su figura.
-No se encuentra.
-¿De verdad?
En la espera, en los sueños
Que me jalan; sobre mi cabeza, su soporte.
-No se encuentra.
Era el día más frío, la noche más oscura
El miedo más profundo, cuando
desfallecí solo,
Plagado de miserias, frente a la puerta.
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